sábado, 16 de enero de 2010

Creo que nunca he escrito nada por mí mismo. Es más, me pregunto si verdaderamente escribimos algo o sólo copiamos artísticamente aquello que otros escribieron. Estamos seguros de nuestro talento, pero somos humildes, estamos orgullosos, convencidos de la importancia de la obra, pero no lo admitimos. ¿Somos escritores? ¿Poetas? ¿Artistas de mente y corazón? En algún punto del relato hemos perdido el origen de las palabras. Quiero decir: nuestra vocación como amantes de la escritura es sólo consecuencia del amor que dedicamos a la lectura. Necesitamos primero una educación literaria, una fuente de saber, libros entre cuyas páginas podamos perdernos, en definitiva, aprender. Nunca he podido evitar la tentación de preguntarme por qué escribimos o por qué, un día entre muchos otros, se decidió alguien a escribir. Quizás ni siquiera fuera importante, tal vez fuera simplemente una necesidad. Estoy seguro de que es una necesidad. Pero, entonces, es contradictorio pensar en escribir como pupilo de leer, pues no imagino que un libro pueda ser leído sin que esté escrito, ¿O tal vez sí? Definitivamente sí. Nuestra educación, todo aquello que creemos saber, nos lo enseñó un tal Homero, que ni siquiera sabemos con certeza si existió, o un tal Sócrates que no escribió nada en su vida. Los hemos escuchado. Ésa ha sido nuestra lectura más primitiva, más poderosa. Y no sólo eso. Estamos de acuerdo en que ése es el verdadero origen, pero no olvides, amigo, que su educación, aunque importante, sólo debería ser superficial, como todas las educaciones que no provienen de nosotros. El contexto lo tenemos. Algunos se quedan ahí, otros lo hacen sublime. La educación culmina en el entrenamiento de la personalidad, en el hombre libre. Ellos pueden escribir, los demás los leeremos.

Ellos son los grandes escritores, de sus frases mantengo la belleza y sus razonamientos siguen siendo en mí producto de las más terribles dudas. Ellos son los que han llevado al extremo el significado, que es lo que nos envuelve. Naturalmente, la perfección les ha costado la vida, los tacharon de locos, inmorales, pero sus palabras les han sobrevivido, nos han sobrevivido, aún resuenan como un eco en nuestras vidas y no creo que se extingan mientras exista el pensamiento. Por eso escribimos, por eso, como la subida del agua entre los márgenes del río, desbordamos en un folio lo que sentimos, tecleamos con suavidad en el teclado y nos gusta, nos parece bueno. Es un reflejo del corazón, un corazón sensibilizado por los sonetos de un inglés, fortalecido por los cuentos y las fábulas, revestido de filosofías maravillosas, gracias a todos ellos, gigantes de palabras.

Sin la voz con la que nos dotaron, ninguno de vosotros podrías pronunciar una sóla sílaba, vuestra caligrafía no es diferente, independiente, todos escribimos a través de imágenes, percepciones, experiencias, ellos las crearon para nosotros. No empezamos a escribir, es un acto tan complicado que sólo puede ser una culminación, un final. Primero aprendemos a leer, después, a leer como si nosotros lo hubiéramos escrito. Una vez conseguido esto, es inevitable haberse enamorado del arte, haberse llenado con tan profundas frases, sólo así podemos escribir. Ellos lo saben, gigantes del arte de crear palabras, no tengo nada que decirles, ambos sabemos que no lo necesitan, están por encima de todo esto que tú y yo consideramos.

En mi sencilla intención de aprender con esto, si algún "escritor" de hoy, alguna persona de orgullosas obras, pudiera, por azar o no, leer mis textos y me califica de ignorante o censura lo que escribo, si se ofenden por no incluirlos en mis líneas o no valorar su esfuerzo, quisiera dedicarles unas palabras: somos lo que leemos. Somos en la medida que lo es nuestra biblioteca. Escribid, pero nunca os olvidéis de leer. Nada más.

Amigo, un día lo entendieron y tal vez lo escribieran, tal vez ya esté todo dicho entre ellos mientras nosotros seguimos conversando, tal vez ellos también tuvieran sus propios gigantes, y estos otros y así hasta que nos preguntemos ¿Cuál es el principio?